UN BAÑERO EN AGUAS TURBULENTAS
Esta nueva, “sui generis” teoría de los dos demonios (aunque en realidad precedida por la que ya esbozara Osvaldo Soriano en su novela de 1978 “No habrá más penas ni olvido”) parece exculpar de toda responsabilidad, no solamente a la Sociedad Rural -cuyo representante Alfredo Martínez de Hoz fue el verdadero hombre fuerte en la primera etapa del proceso videlista- sino, lo que es aún más grave, justifica la irrupción militar del 24 de marzo, dando razón a los golpistas que pretendieron legitimar la instauración de aquel criminal gobierno de facto en “el vacío de poder” y en la necesidad de “pacificar” el país -a la mejor manera mitrista-, con el objeto de "asegurar la posterior instauración de una democracia republicana, representativa y federal, adecuada a la realidad y exigencias de solución y progreso del pueblo argentino". (“Propósitos y objetivos básicos del Proceso de Reorganización Nacional”, 24 de marzo de 1976).
Ya sabemos cuáles fueron la “solución” y el “progreso” instaurados por aquella nefasta dictadura. El ex gobernador de Buenos Aires parece ignorarlo. Tal vez porque él y la cáfila de politicastros defenestrados por el pueblo en diciembre de 2001 fueron los auténticos beneficiarios y albaceas de aquel ominoso proceso. Y porque pretenden seguir siéndolo, presentándose ahora -en que el recurso castrense se revela inviable- como los “pilotos de tormenta” capaces de llevarnos a mejores puertos. ¿Los del “estilo de vida occidental y cristiano” tan caro a nuestras clases dominantes de antaño y hogaño, tal vez?
Un militar nacional y auténtico político popular, el mayor Bernardo Alberte, en su notable “Carta abierta a Videla” -escrita pocas horas antes del golpe contra Isabel y de su propio, vil asesinato-, escribía: “Cuando con el argumento siempre esgrimido y ahora repetido, de la necesidad de defender ‘un estilo de vida’, nuestro estilo de vida, el Ejército protagonizó como represor la historia de la ‘Patagonia trágica’ y los obreros lo hicieron como mártires; cuando desde aviones navales con tripulación también de políticos se bombardeó al Pueblo en la Plaza de Mayo; cuando se fusiló en la Penitenciaría Nacional; en José León Suárez y en Campo de Mayo; cuando se fusiló en Trelew; cuando militares intervinieron en la profanación del cadáver de Evita, cuando el Ejército en un gran operativo pretendió impedir el reencuentro del Pueblo con su líder; cuando representantes de las tres armas concurren a convocatorias de lo más representativo de las empresas ‘líderes’ y lo mas rancio de los terratenientes y ganaderos, para considerar la situación económica nacional y formular críticas al gobierno, sin asumir las propias, etc., la preocupación se apodera de los sectores populares, especialmente cuando se anuncia que el Ejército intervendrá en la ‘subversión en las fábricas’, lugar de trabajo de nuestros obreros y nada se dice de hacerlo en las empresas, lugar de expoliación del país y del patrimonio nacional”.
Hoy la preocupación del pueblo parece ser otra: que políticos de la laya del ex intendente de Lomas de Zamora vuelvan al primer plano como “pacificadores” y “salvadores de la patria”. Kosteki y Santillán, desde el cielo, nos ayuden. Así sea.
Juan Carlos Jara